Tecnología, ¿sí o no?

Es momento de pasear, escuchar música, disfrutar de unos masajes… pero nada de televisión ni celular”, nos dijo la pediatra en la última consulta. ¿Por qué será que puso énfasis en esto? ¿Será que es común que un bebé de seis meses mire televisión o celular? Esas preguntas nos surgieron, tanto a Lolo como a mí.

Por Florencia para Baby Dove

“Es momento de pasear, escuchar música, disfrutar de unos masajes… pero nada de televisión ni celular”, nos dijo la pediatra en la última consulta. ¿Por qué será que puso énfasis en esto? ¿Será que es común que un bebé de seis meses mire televisión o celular? Esas preguntas nos surgieron, tanto a Lolo como a mí, después de salir del sanatorio.

Es que nos extrañó porque ambos coincidimos en que el contacto de los bebés con la tecnología debería de ser nulo. Y no lo pensamos solo nosotros.

Según una nota del Huffington Post escrita por la especialista en terapia ocupacional pediátrica, Cris Rowan, “la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics) y la Sociedad Canadiense de Pediatría (Canadian Society of Pediatrics) afirman que los niños de hasta dos años no deberían estar expuestos a ningún tipo de tecnología, que los niños de entre tres y cinco deberían tener un acceso restringido de solo una hora al día, y que entre los seis y los 18 años, deberían acceder durante un máximo de dos horas al día”.

En casa no tenemos televisión. Sí utilizamos la computadora, pero, desde que nació Alma, solo la prendemos para trabajar o para escuchar música. Algunas veces lo hacemos para ver algún documental o película en Netflix luego de que ella se duerme. Con el celular nos pasa igual. Lo usamos a diario pero no estamos todo el tiempo con él.

A decir verdad, nunca le preguntamos a la pediatra porqué, entre otras recomendaciones que nos hizo, nos señaló eso.

Estoy de acuerdo que estas nuevas generaciones vienen con el dedo índice preparado para clickear, pero eso no justifica que como padres debemos de exponerlos a un uso temprano o abusivo de los aparatos electrónicos.

Investigando en internet, un artículo de la BBC dice que “un estudio reciente de la escuela de educación de la Universidad de Stirling, en Escocia, descubrió que la actitud de la familia en casa respecto a la tecnología era un factor importante en la relación del niño con ella”.

Sin dudas que a una mamá o a un papá que viva con el celular en la mano, mirando tele o con la computadora permanentemente prendida se le va a hacer más difícil negarles su uso. No digo que como adultos tengamos que abandonar los aparatos, pero sí ser conscientes cuándo y cuántas veces en el día, realmente, los “necesitamos”. Con sinceridad.

La tecnología forma parte del mundo actual. Por eso, la madre y el padre deben de llegar a acuerdos previos al respecto. Es decir, reflexionar y pensar sobre cómo encarar este tema.

Estoy segura que, a medida que Alma crezca, su curiosidad la va a llevar a querer tener contacto con la tecnología. Pero, desde ahora, nos cuestionamos con su papá cómo manejarlo.

Creemos que los juegos en el celular, la tablet o la computadora –o mirar la tele- no pueden reemplazar las actividades al aire libre o los momentos en familia. La hora de comer es la hora de honrar los alimentos, de disfrutarlos juntos. La distracción con los aparatos electrónicos no me parece una buena opción para fomentar a que el niño coma.

La experta Rowan, cita en la nota del Huffington Post, una investigación que deja en claro porqué es positivo prohibir o restringir el uso de aparatos tecnológicos en los pequeños de la casa.

Uno de los motivos se refiere al desarrollo del cerebro: “Desde el nacimiento hasta los dos años, el cerebro del niño triplica su tamaño, y continúa en ese estado de rápido desarrollo hasta los 21 años (Christakis 2011). Los estímulos ambientales, o la falta de ellos, son los que determinan el desarrollo del cerebro a esta edad temprana. Se ha demostrado que la estimulación que recibe un cerebro en desarrollo provocada por la sobreexposición a la tecnología (móviles, internet, iPads, televisión) está asociada con un déficit de atención y de función ejecutiva, retrasos cognitivos, aprendizaje disociado, una mayor impulsividad y una menor capacidad de autocontrol”.

Otro de los puntos del análisis destaca que el uso de la tecnología limita nuestros movimientos, lo que puede causar un desarrollo más lento. “En la actualidad, uno de cada tres niños llega a la escuela con un retraso en el desarrollo, lo que afecta de forma negativa a su aprendizaje y sus resultados académicos (HELP EDI Maps 2013). El movimiento potencia la capacidad de atención y de aprendizaje (Ratey 2008). El uso de la tecnología a una edad inferior a los 12 años va en detrimento del desarrollo cognitivo del niño (Rowan 2010)”.

También se relaciona la obesidad, la falta de sueño, incluso el desarrollo de actitudes agresivas con la utilización de las tecnologías a temprana edad.

Ya en 2011, según describe Rowan, la Organización Mundial de la Salud clasificó los teléfonos móviles (y otros aparatos inalámbricos) dentro de la categoría de riesgo 2B (posible agente cancerígeno) debido a su emisión de radiación (WHO 2011). Y, en diciembre de 2013, “el doctor Anthony Miller de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Toronto propuso que, según las últimas investigaciones, la exposición a la radiofrecuencia debería reclasificarse como 2A (probable agente cancerígeno), no como 2B (posible agente cancerígeno)”.

Al final de la nota, la especialista comparte una guía de uso de tecnología para niños y adolescentes:

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Para terminar, haciendo una introspección sobre este tema, en algunos ámbitos cuando nos ponemos a hablar de esto, me siento un bicho raro. Capaz soy demasiado idealista y, a veces, de la teoría a la práctica hay un trecho grande.

Solo espero poder lograrlo. Que nuestras ideas y fundamentos como padres sean convincentes y eficaces; que seamos pacientes y tengamos la suficiente sabiduría para que Alma entienda y lo naturalice.