La torta de cartón

Ayer Quique cumplió 2 años. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. En un abrir y cerrar de ojos tengo un niño que ya habla y decide qué camiseta quiere ponerse. El tema es que no sabía qué hacer para su cumpleaños. Es difícil porque como no puede comer nada, el festejo se complica.

Por Sabina para Baby Dove

Ayer Quique cumplió 2 años.
Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. En un abrir y cerrar de ojos tengo un niño que ya habla y decide qué camiseta quiere ponerse.
El tema es que no sabía qué hacer para su cumpleaños. Es difícil porque como no puede comer nada, el festejo se complica. No puedo hacerle una fiesta llena de cosas ricas y que él no pueda probarlas. También me resultaba difícil pensar una fiesta sin torta.
Aunque parezca una tontería, pienso en cuando él sea más grande y vea las fotos de sus cumpleaños. Si bien los hijos más chicos está probado (y si no lo está debería estarlo) de que tienen menos fotos que los primeros hijos, el recuerdo de los cumpleaños es algo que no debe faltar en ningún álbum de fotos que se precie de tal.

Lo primero que pensé fue en hacerle una torta de galletas de arroz. Era fácil y así podíamos cantar y que soplara las velitas. Lo segundo fue en que sea una torta de bananas. Pero ninguna de las dos ideas me convencía ya que para él no iba a tener nada de especial. ¿Una torre de galletas de arroz? Lo mismo de todos los días.
Hasta que unas tres semanas atrás encontré, navegando en internet, la idea de hacer tortas de cartón para los niños que no pueden comer. ¡Era una idea genial! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Después de eso, pasé días buscando algún diseño que le fuera a gustar y compré todos los materiales. Pero había algo más: la torta iba a tener forma de torta, con porciones individuales para que cada una fuera una cajita. De esta forma podía ponerle adentro de cada una un regalito especial. Me inspiré en las tortas de sopresita que encontré por internet.

Pasé siete días enteros recortando cartulinas, doblándolas con cuidado para hacer las cajitas, pegando con silicona y armando la torta. Durante todos esos días, después de volver de trabajar, y cuando ya los niños dormían, me quedaba trabajando en la mesa del living intentando darle forma a mi super idea. No importaba si estaba más o menos cansada. Tenía que darle una torta a Quique para su cumpleaños. Dos pisos, 16 trozos y 16 regalos.
Vicente fue mi cómplice durante todos esos días y estaba re emocionado por la torta de su hermano; tan emocionado que el mismo día del cumpleaños apenas se levantó, fue corriendo hasta la cama y le dijo a Quique:

¡Quique, feliz cumpleaños! Tu torta es de mentira.

 
El día del cumple nos levantamos temprano, le hice pan de harina de arroz y abrimos los regalos. Luego el día transcurrió como un día normal hasta la tarde en que decidimos soplar las velitas. ¡Quique estaba maravillado con la torta! No sabía muy bien qué era ni cómo funcionaba aquello, pero valió la pena todo el esfuerzo. Cantamos el que los cumplas feliz y luego, obviamente, los parabéns a vocé; y Quique con la ayuda de Vicente sopló las velitas tan esperadas. Después fuimos abriendo cajita por cajita y descubriendo pitufos, autitos, minions, animalitos y hasta un tren Thomas. Cada uno le gustaba más que el otro.
Terminamos el día tan agotados como felices. Y por supuesto con la foto que nos guarda por siempre el recuerdo de su segundo cumpleaños con su torta cartón.