Cada cual con su librito

Hablar de la maternidad sin un consigna concreta es como que el profesor te diga: “señores, para el lunes traigan un ensayo, tema: EL UNIVERSO” ¡Plop!…, no sabés por dónde empezar. Es tan amplio que necesitás que te ordenen, una palabra disparadora, una categoría o algo que te dé una idea de cómo explicar algo tan caótico, incierto, grande, profundo, inabarcable…

Por Jujy Fabini para Baby Dove.

Hablar de la maternidad sin un consigna concreta es como que el profesor te diga: “señores, para el lunes traigan un ensayo, tema: EL UNIVERSO” ¡Plop!…, no sabés por dónde empezar. Es tan amplio que necesitás que te ordenen, una palabra disparadora, una categoría o algo que te dé una idea de cómo explicar algo tan caótico, incierto, grande, profundo, inabarcable…
Entonces cómo bajarlo a tierra…mmm, podemos ordenarlo por categorías como lo hacen las tiendas de venta de artículos on – line, o hacer una suerte de brain-storming, tirar titulares y luego elegir cual desarrollar…
Podría contarles de mis preparaciones para el parto, con doula, pelotas, velas y temas de Marley, y de la reacción de las enfermeras del Británico, o de mi tozudez en vivir la sensación primitiva y “animálica” de sentir cada segundo del nacimiento de mis hijos… sin anestesia; o de las noches, el sueño, la hora de comer y la lluvia de zapallo, de los miedos de los padres y esa falta de miedo de los niños, que da miedo, …del segundo hijo, de los celos, del “mío, mío”, el “solo, solo” y el “te quiero mucho mami, yo también” jajaja ¡todo junto!, del rol de los papás, de los abuelos, de los estímulos, de La vaca Lola, Peppa, o la versión infantil de Mr Bean…
Como es viernes de mañana y vengo arrastrando el sueño de la semana, me viene a la mente esto de las noches y el sueño y los debates interminables en torno al colecho sí o colecho no… y como cada doctor con su librito, cada psicólogo con el suyo y cada lecho con el suyo… les voy a contar cómo lo vivimos nosotros, los Mateo Fabini.
Salva tiene más de 2 años y medio, cuando cumplió 4 meses lo pasamos a su cuarto, ahí empezó nuestra cruzada por su independencia, y la nuestra, claro. Hicimos los mil y un intentos para que duerma solito, basados en las múltiples teorías que lo recomiendan.
Aplicamos el Duérmete niño, y no tuvimos éxito, decidimos aguantar que llore, sin levantarnos, pensando que al cabo de varias noches de tortura mutua, se cansaría y cesaría su llanto, pero no ocurrió. Le cerramos la puerta del cuarto y apareció dormido en el piso, incluso un día nos asustamos porque no lo encontrábamos, y resulta que estaba abajo del sillón, buscando calorcito como un cachorrito.
Pero lo más temeroso fue cuando sentimos ruidos en medio de la noche (¡¿un ladrón?!) y nos dimos cuenta que con unos pocos meses, pocos centímetros y mucha audacia, había logrado sortear las chichoneras, barandas, treparse, saltar y gatear por el pasillo.
Subestimamos su tenacidad, su voluntad y su habilidad. Cuando lo vi, diminuto y ágil como un roedor, gateando como loco para acercarse a nuestra cama, me asusté, ¡fue como ver a Chuky!, ¡no podía creer que había logrado llegar hasta ahí solo! Me asusté porque no había sido capaz de darme cuenta de que ya lo podía hacer solo, y también me di cuenta, de que ese niño era tan tenaz que no le temía a nada, e iba a hacer lo imposible por lograr lo que quería: dormir con papá y mamá.
Hoy dos años después, ya tenemos a otro bebote hermoso que se llama Indro, que tiene 8 meses y es un gordo que a fuerza de teta y verduras parece un pequeño Buda, de morrudo, bueno y espiritual.
Se suele decir que con el segundo cedemos ante nuestras pasiones, y es verdad. Nuestra pasión es dormir, entonces para no pasar por todo eso que intentamos con Salva sin éxito a Indro le armamos una cunita divina con mosquitero y móviles artesanales…que nunca usó.
Y sin proponérnoslo, ni leerlo en manuales de maternidad, aplicamos la estrategia opuesta y duerme con nosotros desde que nació. Sí, hacemos colecho, lo confieso. No por decisión filosófica, sino por decisión de dormir. Y así dormimos divino toda la noche los tres desde hace 8 meses. Los tres un rato, hasta que Salva, ya no saltando las barandas, pero sí corriendo desde su cuarto como escapando de la oscuridad, se sube a nuestra cama y ahí ya somos cuatro.
Tiramos todas las chancletas y nos encontramos haciendo colecho doble. Para muchos psicólogos y manuales, ¡doble pecado! Y es verdad que es un poco incomodo, pero ¡¡¡tan divino!!! Los cuatro bajo las sábanas nos compartimos amor, calor, mimos, besos, y alguna palabra suelta en la noche. Muchos creerán que estamos locos, que hay normas, reglas, pautas; pero nosotros, los grandes, con las patas y mitad del cuerpo para afuera para que estén bien los chiquitos, en medio de la noche y con los primeros rayos del amanecer, debajo de esa guarida acolchonada y hornito de calor, nos sentimos tan felices y plenos, agradecidos y unidos, que estamos más allá de las teorías o manuales.
Todos juntos y apelotonados es nuestra forma de dormir mejor, amanecer felices y encarar el día y la noche a puro amor, paz y alegría… ¡como queremos!
Es nuestro librito de las noches. Parece un poco anárquico…y sí, es que en este hermoso caos de incertidumbres, pruebas y errores en el que vivimos la maternidad, también nos lleva a crear nuestras propias reglas, confiar en ellas y disfrutarlas.