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Adicción al celular en chicos y adultos

La adicción al celular es un mal de la época en que vivimos, lo definen como "un mal necesario". Es muy difícil que alguien escape a él. Cada vez más chicos piden un celular a sus padres.

Antes se veía más cerca de la pre-adolescencia, pero ahora ya es en la infancia. Y no solo quieren un celular, sino además lo quieren cada vez con más prestaciones.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que hoy ya no se trata de teléfonos, sino de pequeñas computadoras. Y que el uso no será exclusivamente la comunicación, sino sobre todo el entretenimiento.
A veces los padres acceden a comprar un celular de última generación creyendo que así van a estar más y mejor comunicados con sus hijos y no es esa la principal finalidad para lo que lo usan en esas edades.
Hay muchas aplicaciones que los exponen mucho y ellos por su corta edad no son conscientes de esto. Además muchos se vuelven adictos al celular y llegan a llevarlo a su clase, con lo cual disminuyen o entorpecen su atención; o a casa de los amigos cuando van a jugar, y se pierden muchas veces la interacción con el otro: en vez de jugar mirándose las caras, juegan en paralelo.
Se ven además expuestos a recibir fotos o comentarios negativos que los pueden afectar cuando incorporan algunas aplicaciones donde interactúan con otros, como las redes sociales.
Además los niños pueden acceder a webs para adultos con contenido poco apropiado.

En definitiva, celular sí, pero estableciendo reglas claras.
El tema de cuándo y cómo usarlo es problemático. Seguramente han visto familias comiendo donde los chicos (y adultos) están más tiempo atentos a su celular que a conversar en familia o con quienes estén a su lado. El ejemplo siempre habla más que cualquier mensaje verbal.
Si un adulto no quiere que su hijo esté en la mesa con el celular, debe empezar por darle el ejemplo. Muchas veces los hijos sienten que han sido desplazados por este hábito de sus padres y por supuesto lo adquieren también. A la hora de la comida, el celular debe estar prohibido para todos.

Son muy chicos para este tipo de tecnología si no tienen una adecuada supervisión de adultos detrás. Controlando y limitando los tiempos, no dejando exponerse en lugares que pueden resultarles perjudiciales y además explicarles también que no siempre lo que los demás publican en sus redes sociales responde a una realidad.
Esto que los adultos deberían controlar y transmitir, muchas veces tampoco lo tienen claro ellos mismos.
No es la idea dejarlos por fuera de la tecnología, pero sí poder darle un uso adecuado.

Riesgos

Muchos padres creen que así sus hijos van a estar más seguros y sin embargo no ven la contrapartida de que aumentan los riesgos porque cruzan la calle sin mirar, atentos a su celular, o caminan por la vereda sin percibir si la gente con que se cruzan puede querer robar, ya que el celular es una tentación para que sean víctimas de este tipo de robos. Por lo tanto, el mejor consejo es que NO usen el celular mientras están en la calle.

Hay niños que por el uso desmedido del celular tienen que recibir tratamiento psicológico. Es un hecho que cuando un chico estudia debe estar por fuera de cualquier distracción para poder concentrarse mejor.
También hay un factor de estatus que no beneficia a los niños, le comienzan a dar valor a las personas por lo que tienen y no por lo que son. Esto se traduce en que tener un mejor modelo de celular empieza a ser un símbolo de estatus (cuando es más moderno, elegante...) y aumenta el prestigio entre los alumnos y los compañeros. Pueden producir cambios indeseables en su estilo de vida y en la relación con los demás.

Otro factor negativo es que favorece el sedentarismo, tanto a la hora del recreo como a la hora de elegir cómo entretenerse: eligen el celular en vez de actividades o deportes al aire libre.
Un adulto tal vez lo necesite más por temas de trabajo, pero un niño no debería tener que necesitarlo para estudiar o comunicarse. En la escuela llamarán a sus padres si es necesario. Lo mismo en casa de algún amigo si fue a jugar.
Es muy importante que los padres sean conscientes de todo esto y puedan ver cómo lograr mayor seguridad en el niño, explicándole claramente los riesgos y poniendo límites precisos en lugares, horarios y situaciones: en dónde usarlo y en dónde no.
Los mismos adultos abusan del uso del móvil, por lo cual es muy difícil educar en este sentido. Cuando son los mismos padres que están prendidos a las redes sociales o grupos de whatsapp, muchas veces están varias horas del día en esto o en otras aplicaciones y le restan calidad a sus relaciones con los demás.
Por lo tanto, lo primero es comenzar por ser mejor ejemplo y así poder poner límites con propiedad.
No podemos enseñar a niños ni adolescentes queriendo que tengan una conducta que nosotros los adultos aún no hemos podido dominar.

Por Ps. Silvia Cardozo